Cuenta la Biblia que en tiempos ancestrales, la gente decía seguir a Dios pero sólo por cuestiones políticas. Cuando llegó Jesús, a todos les atemorizó ver a alguien que defendía y seguía a Dios con tanta pasión y fervor. Acto seguido, los poderosos se movilizaron para hacerlo desaparecer y que el negocio no se desbancara. En uno de sus muchos intentos por hacerlo declarar cosas que iban en contra de lo que predicaban los altos mandos, le preguntaron si era correcto pagarle impuestos al César. Chuy, sabia e humildemente, respondió que las leyes del gobierno las respetaba, pero que no por eso iba a dejar de respetar las de Dios. Y cediéndole la interpretación de sus palabras, todo quedó inmortalizado en la famosa frase: «Al César lo que es del César. A Dios lo que es de Dios».

En el fútbol, existe un rey para bien y para mal. Su historial y virtudes lo tienen en ese puesto, a pesar de que a muchos les guste o no. ¿Quién es ese rey? Varía. Algunos lo llaman Cristiano Ronaldo, otros Lionel Messi, otros Ronaldinho, otros Pelé, otros Maradona… vaya, hasta algunos lo han llegado a llamar Cuauhtémoc Blanco. Pero hay legados futbolísticos que van más allá de la pelota. Legados que envuelven el amor a un escudo, la fidelidad a un pueblo y la entrega incondicional sin importar títulos, sueldos o fama. Las carreras que giran en torno a este concepto, hacen que dichos futbolistas pasen de ser considerados Reyes a Dioses.

En una nueva entrega de Futbol Ilustrado, celebramos los 20 años de Il Capitano en la Roma con números que dejan boquiabierto a cualquiera. «Al César lo que es del César. A Totti lo que es de Totti».

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