St. Pauli: El equipo de culto con sabor a Rock
St. Pauli: El equipo de culto con sabor a Rock

Cambiando un poco el estilo de nuestro tradicional FutRock, ahora traemos una reseña de un club de culto: El FC Sankt Pauli desde una perspectiva musical, esperemos que éste ejercicio sea de su agrado.

Estás cansado pero ilusionado, después de casi 7 horas en tren recorriendo de sur a norte pasando por infinidad de pueblos alemanes lo único que deseas es llegar al hostal, ponerte cómodo e ir de travesía al mundialmente famoso barrio de St. Pauli y la visita obligada a Reeperbahn, no es que no sepas que es el Distrito Rojo pero vaya que tiene su historia. Hay que ir en busca del Star Club que es donde unos tales Lennon, Mc Cartney, Harrison, Best y Sutcliffe trataron de hacer historia hace mas de 50 años y ser recordados para siempre. Para beneplácito de los mexicanos, en esa época dejaron un cóver de la gran Consuelo Velázquez que nunca fue grabado en algún disco de los de Liverpool.

Hamburgo es una de las principales ciudades de Alemania y tiene el segundo puerto más importante de Europa, la vida nocturna en el barrio de St. Pauli es extremadamente sorprendente para un mexicano que solo pasa por ahí con una mochila al hombro, después de ver infinidad de bares de todo estilo, burdeles, teatros, prostitutas exhibiéndose en aparadores para ofrecer sus servicios sabes que ésta experiencia va a ser única, en especial por el motivo de la visita a la ciudad. Con mapa en mano y un mal inglés preguntas por el Millerntor-Stadion nada más para saber dónde está el destino del día siguiente. Los euros están contados pero en éstas crisis la creatividad florece y alcanza muy bien para comprar en un puesto callejero un Döner que es carne de cordero extraída de un trompo de pastor pero en vez de la tortilla, piña, cilantro y salsa roja se pone en un pan acompañado de ensalada; grasosamente delicioso y más si se acompaña de una cerveza de nombre raro extremadamente fuerte amenizado con un paisaje de decenas de sex shop, olor a humedad y una sorprendente cantidad de gente con rasgos arábes mezclados con alemanes y una buena cantidad de latinos. La combinación perfecta.  Se escucha música electrónica, grupos poperos que en la vida habías escuchado, música para bailar mezclada con sonidos árabes, tal vez turcos, aunque se puede reconocer a Maroon 5, Usher y la rola de Yeah! además de Madonna y aunque no lo crean una canción en español: Obsesión del Grupo Aventura.  A pesar de eso decides poner en el iPod algo de rock para amenizar la experiencia y por casualidad aparece un grupo alemán en la pantalla donde sus integrantes son fieles aficionados a Die Freudenhaus der Liga.

 

Ahora sí en viernes 13 por fin  se va a realizar el sueño de estar en el estadio de un club de futbol de culto, lo primero que hay que hacer es comprar la playera con la calavera y la cruz de huesos para estar ad-hoc con el estilo de Die Freibeuter der Liga y pagar entre $300 y $500 pesos mexicanos – si la conversión euros-pesos no falló – por el boleto de entrada. El partido es contra el Eintracht Braunschweig del cual no sabes mucho, pero es lo de menos. Los alrededores del estadio están adornados con muchos grafitis y la gente se empieza a amontonar en la entrada con un orden que nunca antes habías visto con banderas y bufandas cafés, blancas y rojas como parte de su vestuario. Dicen que el FC St. Pauli es un club peculiar, el equipo viste de café ¿Hay otro en el mundo que use ese color? Hay mantas antifascistas en alemán e inglés, gente apasionada y muy educada, cánticos alemanes donde no entiendes nada. El partido va a comenzar, no sabes si va a ser aburrido o va a ser un partidazo. El vaso de cerveza que está en la mano casi se cae cuando la entrada de Los Piratas es musicalizada por un himno del rock: Hells Bells de AC/DC ¿Esto es real?

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El partido no es tan bueno pero los cánticos alemanes donde varios niños se incluyen son ensordecedores, el estadio se parece un poco a La Bombonera de Toluca, o el mal del jamaicón te hace creer eso y tal vez haya 20,000 aficionados al futbol, nada mal para un partido de tercera división. Llevas tres vasos de cerveza y aunque el bolsillo pesa menos, la ocasión lo amerita. Ya va a acabar el primer tiempo cuando por fin cae el gol y el marcador que es operado manualmente por una persona pone el “1” indicando que el equipo local ha abierto la pizarra, la verdad no vas a recordar el nombre del jugador y mucho menos cuando en vez de un grito pronunciado de ¡Gooool! los aficionados se preparan para una sorpresa: Con una coordinación perfecta entre el sonido del estadio y la afición todas las personas cantan el coro de Song 2 de Blur, hasta los niños gritan “Woooooooo-hooooo” la piel de gallina se hace presente y acompañas la felicidad alemana ayudando a entonar el grito que creó Damon Albarn ¡Éxtasis!

Al final St. Pauli ganó por 2 goles a uno, la experiencia fue única y si hay algo que remarcar es el respeto que tiene la afición de los piratas alemanes, se siente la calidez, se contagia la magia. El equipo del barrio más importante de Hamburgo hace notar que en la ciudad portuaria Der Dinosaurer con todo y su Champions League tiene mucha competencia en la carrera de popularidad de la ciudad.

Las experiencias generan anécdotas eternas que ni todo el dinero del mundo puede adquirir, para los amantes del futbol sentarse en una butaca del Millerntor-Stadion debe estar escrita en letras grandes en la lista de deseos, solo es cuestión de ahorrar unos cuantos euros y armarse de un buen setlist con sus canciones favoritas, si es rock, está mucho mejor ¿Qué playlist usarían para hacer éste viaje?  Hasta los mexicanos de Panteón Rococó entendieron lo que significa St. Pauli y dejaron su corazón allá en el norte de Alemania.