Se cumplía el primer cuatrienio de Jorge Vergara al frente del Guadalajara. Su meta de en seis años tener estadio, campeonísimo y al mejor técnico del mundo parecía estar tan lejos de toda proporción, que ya ni la risa se vestía de rojiblanco.

Una serie de resultados acomodó al Rebaño en el repechaje para entrar a Liguilla. Futbol había, goles habían, estilo claro de juego… había también. Se fueron sorteando rivales. Del repechaje siguió el líder: curiosamente Cruz Azul. Intenso partido, intensa victoria. Ese Cruz Azul que pintaba hecho y derecho para ser campeón, se quedó en el camino a manos del equipo tapatío.

Las Chivas de Chepo siguieron embaladas. ¿Recuerdan ustedes? Tres en el fondo, cuatro en la media, tres adelante. Futbol colectivo, para todos y principalmente, para la tribuna. Claro, la postemporada en México siempre se juega diferente ante la premura y necesidad obligatoria del resultado, si no te vas. Pero al menos, ese Rebaño guardaba cierta mística heredada del holandés Westerhoff y su impulsividad por atacar, atacar y atacar.

Luego vino el espectacular América. ¿Por qué? Fácil: tenían a Pipino, Vuoso, Cabañas, Piojo y Cuauhtémoc. Esa fue la gota que derramó la locura total desde la Minerva hacia todo México. Gloria eterna para el plantel que cumplía el primer año luego del centenario. Adiós Clásico. El Guadalajara se había ausentado de una final desde aquel infortunado choque contra Pumas, dos años atrás. Tiempo suficiente para reclamar la grandeza del club.

Y, lo que son las cosas de este dadivoso torneo, la pelea directa por el título fue contra Toluca, el otro invitado que forjó su camino desde la repesca. Fueron dos partidos más sufridos que disfrutados. Calor, equilibrio y flashazos de buen futbol. Pero no había claridad. Hasta que el Bofo apagó la luz del Nemesio Díez y encendió la antorcha rojiblanca que se convirtió en la estrella once del equipo más ganador en la era profesional del futbol mexicano. Curioso también, pero hoy Toluca está en la misma situación de cara a la fiesta grande.

¿Qué han sido de los cuatro años consecuentes al título? ¿Qué pasó con la mística/filosofía vergariana de atacar bajo cualquier circunstancia? ¿Dónde está la cantera de la que tanto se presume?

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En realidad existen más diferencias en cuanto al juego que a la presidencia Chiva. Se fue acabando poco a poco ese estilo, no sólo de parado en la cancha, sino de la concepción de trabajar todos para uno y uno para todos. Los torneos siguientes para Chepo derivaron en su salida: no se le respetó como campeón, como cabeza de un proyecto. Y vino la época del entrenador cabizbajo, atento a la palabra de Vergara. Ni eso funcionó. Los demás habían sido corridos por incongruencias con la directiva. A partir de la salida de Chepo al teatro llegaron marionetas que tampoco han sabido canalizar esa gran responsabilidad.

Cuatro años después tenemos estadio (el más moderno, impactante y vacío del futmex), tenemos un gran preparador de jóvenes (de lo mejor probablemente en México) haciéndola de director técnico, tenemos final de Libertadores, tenemos más patrocinios… pero no hay estilo y sin eso, sin la materia prima del futbol, no se puede.